Las matanzas domiciliarias se reducen un 80% en los últimos once años
En la campaña del año 2004-2003 se sacrificaron un total de 468 cerdos en unas 300 matanzas "caseras", actualmente la última campaña cerrada el 31 de marzo, arroja un total de 45 matanzas de apenas 78 cerdos
ALMUDENA PARRA
Miércoles, 13 de abril 2016, 10:25
En los últimos once años las matanzas domiciliarias de la localidad han sufrido un considerable descenso, pasando de los 468 cerdos sacrificados en las 300 matanzas de 2004, a los 78 cerdos pertenecientes a las 45 matanzas de la última campaña, lo que significa un 80% menos en 11 años.
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El descenso progresivo de la práctica de las matanzas "caseras"queda reflejado en los datos recabados por este diario en las oficinas del Ayuntamiento, desde donde se arrojan las siguientes cifras: la campaña de 2010-11 se registraron 136 matanzas, la de 2011-12 sufrió un descenso de 38 matanzas quedándose en 98, la campaña de 2012-13, perdió 25 matanzas cifrándose en 73, en la campaña del año 2013-14, la cifra volvió a descender bajando en 37 matanzas y quedándose prácticamente a la mitad con 36, la tendencia cambia al alza en la campaña 2014-15 en la que se recuperan diez matanzas situándose en 46 y manteniéndose prácticamente en la campaña actual, recientemente cerrada, de 2015-2016 en la que se reflejan 45 matanzas realizadas, de las cuales se registraron trece libres y 32 oficiales.
Las campañas de matanzas domiciliarias comienzan cada uno de noviembre y finalizan el 31 de marzo, en ellas hay dos formas de pasar el control sanitario, bien de forma libre en la que cada familia elige un veterinario de forma privada o de manera oficial en la que el veterinario del Centro de Salud es quien realiza dicho reconocimiento.
Para Jesús Crespo veterinario del Centro de Salud de la localidad, las matanzas están sufriendo un alarmante descenso en la zona, poniendo en grave riesgo la consecución de esta arraigada y antiquísima costumbre. Crespo cree que, entre las causas de dicha disminución se encuentran los cambios en la alimentación de la que se reduce el consumo de grasas, la distribución de las viviendas actuales en las que ya no se dispone de un lugar adecuado para la realización de las tareas de la matanza ni "doblaos" donde colgar la chacina y por otro lado el ahorro en tiempo y trabajo, ya que es más cómodo adquirir los productos del cerdo en la carnicería que hacer la matanza.
Además, prosigue Crespo, las matanzas suponen una serie de compras de coste elevado que hacen que sean "caras", siendo más barato adquirir la chacina ya curada. La tragedia de esta situación es que cada vez son menos las familias que realizan este proceso, de tal manera que las actuales generaciones están perdiendo la trasmisión oral de las medidas para aliñar la carne así como las diferentes recetas intrínsecas del "guarro" como las morcillas de lustre, la cabeza en saco o el caldillo, además de todos los pasos de tan laboriosa tradición.
La ruptura generacional que está viviendo esta tradición de siglos atrás, provocará en un futuro próximo que las matanzas se vivan como algo aislado, muy distante de la necesidad original de subsistencia y abastecimiento de carne con la que nacieron y centrándose en el carácter alegre, festivo y familiar que las han caracterizado, quedando solamente como una fiesta de invierno.
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