El gurumelo se viste de largo

El gurumelo se viste de largo

Sin duda el Decreto 152/1997, de 22 de diciembre, sobre Fiestas de Interés Turístico de Extremadura es una de las disposiciones más apetecibles para cualquier Corporación local que luche porque su quehacer diario, en lo que se refiere a certámenes, fiestas o acontecimientos que se celebren en su municipio, se vea reconocido por la presidencia de la comunidad a que pertenece.

En el Diario Oficial de Extremadura del pasado día 3, Villanueva del Fresno saltó a la palestra, tras publicarse que las Jornadas Transfronterizas del Gurumelo, que vienen celebrándose en la localidad pacense, habían sido declaradas Fiesta de Interés Turístico de Extremadura.

Las Jornadas comenzaron hace ya unos años; durante los días 17 y 18 de marzo de 2007 se celebró la primera. La idea surgió de la Corporación local ante el hecho constatado de la elevada producción de setas silvestres en la zona y, en particular, de la 'Amanita ponderosa' (gurumelo), tan apreciada por restauradores y público en general. Desde aquella primera Jornada hasta nuestros días, ha ido adquiriendo auge y prestigio; en la última se estimó en más de 10.000 las personas que acudimos a Villanueva del Fresno, quinientas de las cuales participaron en las salidas al campo para recoger 'in situ', bajo la dirección de expertos locales, el preciado alimento.

Habría que destacar que, alrededor del gurumelo y desde el inicio de las Jornadas, han sido, hasta la fecha, tres las empresas que han surgido en la localidad. Dichas empresas están no solo dedicadas a la 'Amanita', sino que comercializan además el 'Boletus' y el 'Huevo de rey', también abundantes en su dehesa. Ni que decir tiene que la actividad supone asimismo una inyección económica para muchas familias, que los recolectan.

Tras una declaración de este tipo, hay muchas horas de trabajo, muchos esfuerzos y algunos sinsabores, que, finalmente, se ven recompensados. Los muchos requisitos que exige el reconocimiento han ido superándose poco a poco, como deben hacerse las cosas de valor. Se ha reconocido la originalidad de la celebración, superando los agoreros augurios de aquellos que no la veían clara en sus comienzos. Se ha reconocido su valor cultural, gastronómico y ambiental, superando las fatales predicciones de quienes se mofaban porque el hecho de comer un vulgar fruto de la tierra, pudiera algún día ser premiado con tan preciado galardón. Se ha reconocido una ejemplar trayectoria de trece años, contra los falsos profetas, que no daban un ochavo por su duración. Se ha reconocido la capacidad para atraer visitantes de fuera de la región, poniendo en tela de juicio a los que, maliciosos, opinaban que a aquellas fiestas sólo acudirían cuatro gatos. Y, finalmente, se ha conseguido, como exige el Decreto en su articulado, una celebración de forma periódica, pese a los que vaticinaban que la fiesta había tenido salida de caballo andaluz, pero tendría llegada de burro manchego…

El tesón y el buen hacer han podido con los nefastos incrédulos que así pensaban (pocos, todo hay que decirlo). Pese a ellos, el gurumelo se ha vestido de largo. Solo queda felicitar a Ramón Pérez Farías, alcalde y buen amigo a pesar de que –él lo sabe–, no siempre coincidimos; a su equipo, y a todo mi pueblo.