Luciano Méndez Blanco. / A.P

Luciano Méndez Blanco El último contrabandista villanovense

«Si volviera a nacer y me viera con tanta necesidad volvería a ser contrabandista»

Se dedicó al contrabando para dar de comer a su familia. Fue un oficio arriesgado, con cárcel y compañeros heridos, pero volvería a hacerlo si tuviera necesidad

Almudena Parra
ALMUDENA PARRA

Luciano Méndez Blanco nació en 1934 en el seno de una familia trabajadora dedicada principalmente a las labores del campo a base de jornales. Actualmente de los cinco hermanos que fueron, dos hembras y tres varones, sólo viven tres al fallecer dos de los varones.

La necesidad y el hambre impulsaron a este hombre y a otros muchos de la localidad, por la misma razón, a aventurarse con el contrabando de café entre España y Portugal, caminando toda la noche a través de los oscuros campos y con el miedo a ser detenido o disparado por cualquiera de las autoridades de ambos países.

- ¿Usted fue a la Escuela?

- Yo fui a la Escuela, pero después de viejo, ya que me hicieron ir cuando ya estaba casado.

- ¿Y con cuántos años le pasó eso?

-Yo me casé con 27 años, así que tendría cerca de 30. Un día se presentó en mi casa un municipal con la orden de que teníamos que ir a la escuela, íbamos de noche porque de día trabajábamos. Estuvimos dando clase primero con Alfonso Fernández, después fuimos a las Escuelas del Pilar del Conde (hoy CEIP F.R. Perera) y más tarde fuimos a las Escuelas del Mercado de Abastos con una maestra.

- ¿Y qué aprendieron?

-Nos enseñaban a firmar y varias cosas más, aprendimos lo más preciso.

- ¿Por qué no fue de pequeño a la escuela?

-Porque en aquellos tiempos se empezaba a trabajar desde muy chico y en la edad de ir a la escuela ya estabas en el campo, entonces no era como ahora.

- ¿Con cuántos años comenzó a trabajar?

-Tendría cerca de 10 años y ya empezaba a guardar guarros y a hacer de todo un poco.

- ¿Cuánto le pagaban?

-En aquel entonces a lo mejor cobrabas una peseta y eso no era nada porque un pan costaba cinco pesetas, así que ibas pasando muchas necesidades.

- ¿Usted pasó hambre?

- ¡Qué si pasé hambre¡, toda la que quise y más.

-Usted nació un año antes de la guerra civil que finalizó cuando ya tenía cuatro años. ¿Recuerda algo de aquello?

-De la guerra yo no me acuerdo de nada, pero de la posguerra sí.

- ¿Cómo fue su infancia con aquella situación?

-Fue una infancia llena de necesidades porque no había nada, se trabajaba mucho, pero te daban 'cuatro gordas' no se ganaba ni para comer. Yo tuve mucha suerte de muchacho porque me acomodé con una familia que me daban por trabajar con ellos en el campo una peseta y de comer y me tiraba los cuatro y cinco meses sin venir al pueblo.

- ¿Qué hacía en el campo?

-Guardaba cabras, cochinos, vacas y demás desde por la mañana hasta por la tarde. Allí comía muy bien y la cantidad que quería.

- ¿Cómo era el pueblo cuando usted era pequeño?

-Era mucho más chico, con muchas menos viviendas que ahora, mi mujer lavaba en el corral porque no teníamos agua corriente, había que acarrearla a horcajadas en el cuadril desde el Pilar, casi siempre andando, luego ya por último en burro.

- ¿A mí me han contado que usted fue contrabandista, es así?

-Sí, por desgracia ahora mismo soy el último contrabandista vivo de Villanueva de los que fuimos, que fuimos unos pocos.

- ¿Había muchos contrabandistas en el pueblo?

-Éramos sobre unos 15 de los jóvenes, sino éramos más, que mayores también hubo muchos.

- ¿A qué edad empezó?

-Yo me casé con 27 años y al año y pico nació mi primer hijo, el mismo día que iba a salir en mi primer viaje tuvo familia mi mujer y no pude irme, aunque a los cinco o seis días tras el parto ya que mi mujer quedó bien empecé a ir.

- ¿Con qué comerciaba?

-Traía café, durante mucho tiempo siempre comprábamos el café para venderlo aquí pero no llevábamos nada, aunque en los últimos años en los que los portugueses también estaban muy necesitados llevábamos tocino para cambiarlo por el café.

- ¿A qué hora salía para Portugal?

-Salíamos de noche en cuanto empezaba a oscurecer atravesando cercados hasta llegar a La Granja, al llegar nos comíamos un bocadillo que llevábamos para cenar una mijina. Comprábamos las cargas de café, nos las cargábamos y para atrás otra vez.

- Supongo que sería una tarea muy dura, ¿no?

-Uff, duro dice, era muy duro.

- ¿Cuánto tiempo tardaban en ir y volver?

-Echábamos la noche entera porque salíamos al oscurecer y a lo mejor llegábamos allí a las once de la noche, mientras cenábamos, y echábamos las cuentas de las cargas que nos íbamos a traer, a lo mejor salíamos de allí a las doce y media de la noche o cerca de la una y llegábamos aquí a las cinco de la madrugada reventados de andar. Al llegar descansaba un poco porque por el día había que trabajar.

- ¿Cómo se manejaban por el campo sino había luna?

-Conocíamos muy bien los caminos y veníamos escondiéndonos por todos los barrancos, por medio de los Civiles y los Guardiñas.

- ¿Cómo iban, en parejas o solos?

-Yo he llegado a ir sólo, aunque siempre procurábamos ir una cuadrilla de cuatro o cinco. Porque había tres cuadrillas que cada una iba, por un lado. Yo me junté con uno que vivía cerca de mí y nos íbamos con dos o tres más.

- ¿Merecía la pena el esfuerzo y el riesgo?

-Sí, se sacaba dinero, en aquel entonces se ganaba para comer bien porque comprábamos el café Camello a diez duros y aquí lo vendíamos a doce o trece o incluso catorce duros dependiendo de la situación que hubiera.

- ¿Cuántos viajes hacían a la semana?

-Dependía de la rapidez con la que vendieran las mujeres el café, había semanas de dos viajes y otras de uno solo. Había veces que según llegabas al pueblo tenías que salir de nuevo para atrás. Otras veces te quitaban la carga y te quedabas sin dinero para comprar. La casa se quedaba sin dinero todo era para la carga.

- ¿Qué cantidades solía traer?

La primera vez traje poco, normalmente las cargas eran de diez kilos, aunque también las traía de 30 y he llegado a traer 47 kilos.

- ¿Cómo se transportaba la carga?

- A la espalda, el café venia envuelto en plásticos y nosotros para que no reluciera de noche con la luna y nos vieran los Civiles o Guardiñas, lo forrábamos con un saco y con unas cuerdas nos hacíamos una mochila.

- ¿Cuánto tiempo se dedicó al contrabando?

-Unos 14 años, ya lo dejé porque tenía senara, algo de ganado y mis hijos ya eran grandecitos, el mayor ya araba con las mulas. Lo dejó todo el mundo a la vez porque subió mucho el café y ya no merecía la pena.

- ¿Cómo obtuvo los duros para comprar la primera carga de café?

-Pues estuve trabajando en una máquina trillaora y la familia con la que trabajaba nos pagaron una comida, una caldereta de oveja y chivo, a los trabajadores. Desollando la oveja un compañero con la máquina me dio un corte en un dedo y me llevaron al médico y me dieron de baja. Estando de baja pedí en el Sindicato un préstamo para ir a por la primera carga.

- ¿Usted sabe cómo empezó el contrabando aquí?

-No, antes de empezar yo, ya había gente más mayor que nosotros yendo desde hacía mucho tiempo, al jubilarse ellos empezamos nosotros, ahora ya están todos muertos, así que no sé.

- ¿Sintió miedo alguna vez?

-Miedo llevaba cada vez que salía. Una vez íbamos un grupo de cinco o seis y estábamos cruzando la rivera que esa noche llevaba mucha agua y estaban los Guardiñas al otro lado y comenzaron a dispararnos. Le dieron a un compañero, el tiro le entró por la espalda y le salió por el bolsillo de la camisa. Algunos tiraron las cargas, otras se salvaron, y los demás salieron corriendo. Yo me quedé a socorrer al compañero que estaba llorando y lo traje a España. A él se lo llevaron al hospital en Badajoz y a mí me encarceló la Guardia Civil en la cárcel del Ayuntamiento durante dos semanas. Al final intercedió el alcalde Emilio Fernández y evitó que me llevarán a la cárcel de Olivenza, soltándome ese día.

- ¿Siguió yendo a pesar del percance?

Sí, ¿qué iba a hacer?, seguir yendo.

- Si cruzaban la rivera en otoño e invierno pasarían mucho frio, ¿no?

-Íbamos todo el año, cuando pasábamos el rio teníamos que caminar mojados y pasábamos muchísimo frio, con unas zapatillas de tela y suela fina de goma con las que podíamos correr mejor pero que nos dejaban los pies congelados.

- ¿Las autoridades venían a registrar su casa en busca de la carga?

- Si sospechaban que pudiéramos tener algo, sí, teníamos que hacer escondites.

¿Cuál era la pena mayor por contrabando?

-Por 20 kilos te podían condenar a ocho meses de cárcel.

- ¿Si volviera a nacer volvería a hacerlo?

-Si volviera a estar con la necesidad que tenía, sí. Porque gracias a eso en mi casa había para comer.