José Antonio Gómez Casado, en el despacho de su casa. / ALMUDENA PARRA

«Mi padre me inculcó la pasión por este trabajo desde los siete años»

Se acaba de jubilar después de casi 45 años trabajando para el Ayuntamiento, como hizo su padre. En esta entrevista cuenta su experiencia

Almudena Parra
ALMUDENA PARRA

José Antonio Gómez llegó al Ayuntamiento el 25 de octubre de 1975 siendo contratado como auxiliar administrativo. Para realizar el Servicio Militar abandonó su puesto regresando a él en 1978. Seis meses después aprobó la 'oposición restringida' pasando a ser funcionario. En 1993 pasó a ser administrativo ejerciendo, además, las labores de tesorero.

El pasado 8 de junio Gómez concluía con la jubilación su asistencia diaria al Ayuntamiento que comenzó junto a su padre con 7 años. El villanovense nació el 8 de junio de 1955, su madre que era de Villanueva de la Serena llegó a la localidad de la mano de su abuelo, que era chofer de 'Sevillana'.

–¿Qué era su padre?

–Mi padre, que sí era de Villanueva, fue funcionario del Ayuntamiento de Villanueva del Fresno, desde los 15 hasta los 48 años, edad a la que falleció. Desde muy jovencito aprendió mecanografía y era todo un fenómeno escribiendo, alcanzando 360 pulsaciones por minuto, algo que además le permitió estar en Capitanía en la mili. Saber mecanografía era un lujo y si eras bueno te rifaban. Mi padre me enseñó a escribir a mí, cada día desde los siete años iba al Ayuntamiento donde me ponía los deberes, escribía en una Olivetti negra y llegué a tener casi 300 pulsaciones.

–¿Entonces quería ser como su padre?

–Era un trabajo que me gustaba, más que el campo, que entonces era muy duro. Yo quería estar en una oficina, por eso mi padre me enseñó durante 10 años el oficio.

–¿Cuáles han sido sus estudios y dónde los hizo?

–Estudié en la escuela de Villanueva del Fresno en la que gané un par de concursos de poesía. Los dos primeros años del bachiller los hice en el colegio 'García de la Huerta' de Zafra, gracias a una beca y lo acabé aquí en el Colegio Libre Adoptado. La reválida la hice en Badajoz obteniendo el bachiller elemental, algo que entonces te abría las puertas de medio mundo. Luego hice el bachiller superior.

–¿Qué recuerda de la infancia?

–Recuerdo que en mi casa no había casi nada. Los funcionarios del Ayuntamiento cobraban muy poco, a veces estaban hasta tres y cuatro meses sin cobrar, así que era usual pedir anticipos y los comercios apuntaban las compras que se pagaban al cobrar, aunque gracias a mis abuelos Inocente y Carmen no nos faltó de comer en su casa.

–¿Cuál es su trayectoria laboral?

–Al morir mi padre en 1975 nuestra situación fue crítica, éramos cinco hermanos, yo que era el mayor tenía 17 años y me seguían cuatro hermanos más de entre 2 y 14 años. Tuve que dejar de estudiar y hacerme cargo de la familia. Yo había estado haciendo censos, padrones y diversos trabajos del Ayuntamiento con mi padre. Ya llevaba diez años de experiencia, movía los papeles con soltura y me gustaba mucho. Así que decidieron contratarme en el Ayuntamiento, lo aprobaron en pleno y empecé enseguida. Así me convertí en el padre de todos mis hermanos. Mi padre fue una persona buenísima, fue todo el pueblo al entierro, porque le hacía favores a todo el mundo. Lo mismo empezaba a las cinco de la mañana a trabajar si alguien necesitaba un papel, no tenía horario, siempre estaba allí.

–¿Nunca pensó marcharse a trabajar fuera?

–No, mi familia me necesitaba y mi trabajo me apasionaba, echaba horas sin cuento y nunca cobré horas extras porque me encantaba mi trabajo, y tenía la caza, que también me encantaba.

Cuando aprobé la plaza el entonces alcalde Wenceslao Álvarez me dijo que cómo me iba a quedar aquí, si con mi formación y experiencia podía acceder a cualquier buen puesto de Madrid.

–¿Cómo eran aquellos años en los que se trabaja a base de libretas, libros de cuentas y documentos escritos a mano?

–Era un trabajo muy lento y laborioso, y aunque yo escribía muy rápido había muchos documentos que hacer.

–¿Su última etapa ya ha sido con las nuevas tecnologías, se ha adaptado bien?

–Me costó adaptarme a las nuevas tecnologías, pero hice muchos cursos, no sólo de informática. Hice uno presentado por el expresidente de España, Mariano Rajoy, de 300 horas sobre gestión de entidades locales, siempre he reciclado y ampliado mis conocimientos, acabé con dos ordenadores en mi mesa.

–¿Qué funciones tenía su puesto?

–Mis funciones han sido múltiples: de secretaría, contabilidad, recaudación, alguacil, de todo. He sido secretario accidental en varias ocasiones. Siempre he sido muy recto y meticuloso en mi trabajo, tal y como me enseñaron.

También hacía el tallaje y reclutamiento de los quintos para incorporarse al Servicio militar. Tenía mucho protocolo, intervenían alcaldes, concejales, médicos, practicantes y los funcionarios. Ese era un día emocionante, de alegría, un evento muy importante que los jóvenes esperaban como la Navidad y la Feria y que celebraban con una caldereta en el campo. El sorteo de acciones de Bellotas y Senara también concentraba a muchos agricultores, ganaderos y apañadores, siendo otro acto interesante y de mucha participación

–¿Cuántos jefes distintos ha tenido?

–He tenido siete jefes, los alcaldes Emilio Fernández, Alfonso Fernández, Wenceslao Álvarez, Benigno Antona, Joaquín Pérez, Emilio Gómez y el actual Ramón Díaz Farias

–¿Con qué curiosidades locales se ha encontrado en este tiempo?

–Siempre he intentado preservar la historia local, muchos alcaldes al entrar hacían limpieza de papeles y yo he custodiado aquellos que he considerado de interés, salvándolos de la quema. Por ejemplo, custodié 'El legado de Portocarrero a los pobres', que andaba 'dando tumbos' y que de la mano de Carlos Barreto que fue secretario y compañero en el Ayuntamiento se convirtió en un libro editado junto a Hilario López.

–¿De qué compañeros guarda un recuerdo especial?

–Cuando yo empecé, la vida en el Ayuntamiento era muy familiar porque todos se ayudaban entre sí, y a mí me ayudó mucho Manolo Otero, gran amigo de mi padre. Y para mí Barreto fue un gran profesor y un gran amigo, me enseñó mucho y me dio sabios consejos, le estoy muy agradecido.

Cuando Barreto me dictaba algo yo solía decirle: 'don Carlos esto ya lo hemos dicho varias veces de distintas maneras', a lo que él me contestaba: 'tú has estudiado y yo también soy universitario pero el papel que estás escribiendo puede ser que lo intente leer alguno que no haya estudiado y si se lo dices de cuatro formas diferentes alguna cogerá'.

–Por último, ¿echará de menos ir cada día al Ayuntamiento o tiene ya planeada la jubilación?

–El tiempo que llevo sin ir a trabajar lo he llevado fatal, ya me voy acostumbrando, pero tengo muchos proyectos personales que hacer, hobbies que me apasionan y me entretienen .

–¿De dónde viene el mote de 'chapelero'?

–De mi abuelo portugués José María 'el chapelero', que era sombrerero 'chapéu' es sombrero en portugués y sombrerero 'chapeleiro'.