Marcelo Cruz González, en su despacho personal.. / M.C.G

Marcelo Cruz González Exsecretario general de la Jefatura Superior de Policía

«Mi amor por Villanueva me ha inspirado para escribir sobre ella»

Como policía nacional solicitó la plaza del paso de San Leonardo, aduana de Villanueva del Fresno localidad de la que fue un motor cultural clave

Almudena Parra
ALMUDENA PARRA

Marcelo Cruz González, nació en 1950, a las puertas de la mismísima Plaza Alta de Badajoz. Haciendo memoria se recuerda desde bien pequeño con una placa de policía (fabricada por él con cartón y forrada de papel de oro) en el bolsillo o sujeta con un imperdible en la solapa, sin faltar una pistola y unas esposas de plástico en el cinturón. Se define como un estudiante regular en el Bachiller superior salvo en Dibujo, Historia y Literatura, en las que cosechó alguna matrícula de honor. Cursó hasta tercero de Derecho siendo ya Policía Nacional, cuerpo en el que ha impartido clases de Técnica Policial, Investigación Criminal, Tráfico de Drogas y otras materias, en la Jefatura Superior de Extremadura y también en la Academia de Seguridad Publica de Extremadura. Su vínculo con Villanueva del Fresno, de la que es 'Hijo Adoptivo', comenzó cuando le destinaron al puesto fronterizo de San Leonardo, en el que pasó 17 años. Tras su regresó a Badajoz finalizó su carrera jubilándose como Secretario General Regional de la Jefatura Superior de Policía de Extremadura

-¿Cuál ha sido su trayectoria profesional?

-Aprobé las oposiciones con 20 añitos. Pedí voluntario el País Vasco. Mi primer destino fue la Brigada de Investigación Criminal de San Sebastián, a la que regresé tras el servicio militar. Allí permanecí hasta la reapertura del Puesto Fronterizo de Villanueva del Fresno; plaza que solicité y me concedieron. En plena Expo de Sevilla me encomendaron la seguridad de la puerta de acceso ('La Barqueta'), y la zona de Pabellones Españoles.

Terminada la Expo, el Comisario Jefe Provincial me reclamó para ser jefe del Grupo de Estupefacientes. Fui después jefe del Grupo Operativo de Extranjeros cuya Brigada Provincial de Extranjería y Documentación dirigí. Creada la Jefatura Superior de Policía de Extremadura, fui su secretario general regional de donde pasé a la segunda actividad. Me mantuve por petición de la superioridad adscrito a la propia Secretaría General prestando asesoramiento y apoyo a la gestión. Tras 45 años de servicio, tuve que jubilarme definitivamente.

-¿Cómo era Villanueva cuando llegó aquí?

-En 1977 era un pueblo con mucha vida y con muchas carencias; pero llevaderas. Había que ir a Badajoz para comprar determinadas carnes, pescados e incluso ropa. El agua corriente era escasa y sin presión; no podíamos tener lavadora. Muchas calles estaban sin asfaltar y corría el agua por el medio. En verano acudían los emigrantes, y los bares se ponían a rebosar. En septiembre, entre los que volvían a sus destinos y los que se iban a la vendimia francesa, Villanueva quedaba sumido en la tristeza.

En el pueblo fui muy feliz con mi mujer; en sus calles crecieron y se criaron felizmente mis hijos y mi querida Susana, la mayor de ellos, se casó, felizmente también, con un villanovense: Carlos Borrajo López. Con lo que, por las venas de mis nietos, corre, felizmente, savia de fresno.

-¿Cuándo usted estuvo la frontera permanecía siempre cerrada?

-Efectivamente; había dos fechas de apertura del 1 de marzo al 31 de octubre, de 08.00 a 24.00 h y desde el 1 de noviembre hasta el 28 de febrero, de 08.00 a 22.00. Este calendario se modificaba en las fiestas: la Candelaria de Mourâo; la feria de Villanueva, etc. y en Nochevieja. Siempre pensé que era una forma de terminar y comenzar el año sin frontera, una premonición, hasta que un día desaparecieran definitivamente; como por fin, sucedió…

-¿Qué anécdota destacaría del paso por la aduana?

-Tengo varias: casi diecisiete años dan para mucho. Se escribiría un libro así de gordo. Desde la tarde del 23-F, en que hubo mucha gente que, casualmente, había quedado para cenar en Portugal con unos amigos (hubo alguno que estuvo tres días cenando), hasta la de aquella mujer extranjera que se quedó encerrada en los servicios de la Aduana y que dio lugar a una cómica y embarazosa situación; o la de un ganadero que, a punto de bajar ya la barrera, tenía extrema urgencia por contactar con Dioni porque se le moría una vaca que no acababa de parir… y en la que terminé haciendo de comadrón junto a Dionisio, mi compadre. Algunas de éstas las he recogido en diferentes artículos y libros…

-Su papel en la actividad cultural villanovense fue notable, ¿En qué proyectos participó?

-No estaría bien que fuera yo el que hablase de mi aportación cultural y deportiva, la enseñanza, y todas aquellas obras sociales en las que participé. Prefiero que las recuerden aquellos que me conocen. Por citar alguna, de la que me encuentro especialmente satisfecho, es el hecho de haber colaborado en el ingreso en la Policía y en la Guardia Civil de varios chicos y chicas del pueblo, a los que preparé en mi casa y de forma totalmente altruista.

-De manera paralela a su profesión también es escritor, ¿Cómo surgió esa faceta?

-También desde pequeño me 'tiraba' aquello de contar cosas en el papel; llegué a escribir algunos relatos con sólo 10 años. De mayor seguí cultivando esta afición y… hasta la fecha. No me gusta lo de escritor, lo veo demasiado pretencioso; yo me conformo con ser 'escribidor'

-¿Cuántos premios literarios acumula?

-No suelo concurrir a premios literarios, lo he hecho en alguna ocasión y siempre relacionados con mi profesión. Tengo varios (seis o siete), en temas policiales y alguno en tema libre, convocados por comisarías de Sevilla, Valencia, Albacete, etc. con motivo del Patrón (los Ángeles Custodios). También participé en alguno convocado por el Ayuntamiento de Villanueva. Particularmente me siento orgulloso de haber obtenido el primer premio en el Primer Certamen José Saravia.

-¿Qué sintió al ser nombrado 'Hijo Adoptivo' de la villa?

-Esa es otra de las cosas que no tengo palabras para agradecer. Sólo el amigo Ramón, nuestro alcalde, sabe la inmensa satisfacción que sentí cuando un buen día, en Badajoz, me hizo saber la noticia… Culpa de ello la tiene el pueblo entero. Qué quieres que te diga: mucho hay que querer a una persona para llegar a hacerla su paisano. Ellos sabrán por qué; aunque sé de buena tinta que el nunca bien ponderado Hilario López no estaba muy lejos de la propuesta…

-¿Qué libros tiene en preparación?

-Esta pandemia que nos ha tocado vivir, y en la que tenemos tiempo para todo, me está permitiendo ordenar muchas de las notas, fichas, recortes de prensa y revistas que tienen relación con Villanueva, y que están guardadas, en cajas, desde que cruce por primera vez el alto de la carretera. De ahí ha nacido la idea de hacer una pequeña colección de libritos, que he llamado 'Hojas de fresno', y que es el fruto de aquellas primeras 'Raíces', que el Ayuntamiento me publicó en 1985.

Estoy muy ilusionado con esta colección, de la que ya he acabado los tres primeros ejemplares, y tengo en cartera varios más. Títulos como 'Galería de nombres propios', 'La destrucción del pueblo', 'El cucharro de papel', 'Flores desde el balcón'… podrían llegar a ver la luz. Escribir, mal o bien, no me resulta demasiado difícil… lo difícil, claro, es publicar. Ya veremos… De otra temática tengo bastante avanzada una novela y varios libros en los que recogeré algunos relatos cortos.

-Ha presentado un libro sobre la historia de la Policía de Badajoz, ¿Ha cumplido con él un objetivo pendiente?

-Cumplir un objetivo no sé. El libro lo escribí porque, igual que hago con Villanueva, sobre la que tanto escribo, por estar enamorado de ella, me ocurre con la Policía, a la que también adoro. Podría haber escrito mis memorias, pero mi expediente, creo, no es tan glorioso ni atrayente como para interesar a nadie que exceda del ámbito familiar; me pareció mejor escribir sobre la profesión a la que dediqué cuarenta y cinco años de mi vida y, más concretamente, sobre el tema inédito de la historia de la ayer Comisaría Provincial pacense y hoy Jefatura Superior de Policía de Extremadura. La forma literaria, no podía ser otra que la de 'diligencia', como aquellos atestados que tantas veces tramité…