Tras la esperanza de una silla de ruedas eléctrica

María González López tiene 53 años de edad y lleva incapacitada desde hace más de una década debido a una enfermedad rara de la médula espinal

María González López necesita una silla de ruedas eléctrica. Tiene 53 años de edad y lleva incapacitada desde los 40 años, aunque desde la última década su discapacidad reconocida, del 77 por ciento, le impide hacer cosas que pasan tan desapercibidas como rascarse una mejilla o sostener un vaso para tomar un trago de agua.

"Llevo años sin moverme de casa. No puedo levantarme ni moverme. Cuando despierto solo veo las cuatro paredes del dormitorio. Desde el salón, a lo que alcanza la vista en el patio".

María padece siringomielia, una enfermedad rara de la médula espinal caracterizada por la presencia de un quiste lleno de líquido en el conducto raquídeo. Esta cavidad constriñe el tejido nervioso, lo que deriva en signos de compresión de nervios espinales.

Con 40 años de edad María empezó a notar cómo perdía sensibilidad en sus extremidades, que más tarde se fue propagando hasta otras zonas del cuerpo. Hasta entonces siempre ha llevado una vida corriente. La villanovense ha trabajado en la localidad y por otras zonas de la Comarca como empleada del hogar. Está casada y tiene dos hijas jóvenes.

Tras visitar a varios especialistas, desde un médico de cabecera, fisioterapeutas, traumatólogos y neumólogos, María fue operada sin éxito en el año 2000 en el Hospital Infanta Cristina.

Tras tres años sin dormir en cama, en el pasado mes de marzo volvió a poder hacerlo sobre un colchón. En ese caso, al permanecer ingresada durante 18 días por complicaciones de la enfermedad en el día a día. Ha sido entonces cuando el equipo médico que valoró consideró que estaba todo perdido.

"Iba al médico y me decían que tomase una pastilla nolotil. Yo me quemaba en la mano o se me caía un utensilio de cocina y no me daba cuenta hasta que no lo veía en el suelo o no tenía la ampolla en la mano" comenta la afectada con lágrimas en los ojos.

"Cuando el traumatólogo me vio entrar en la primera visita me dijo que iba equivocada. María usted tiene que ir a un neumólogo porque su cerebro manda órdenes pero no responde" dice con resignación ahora.

Fue a través de una resonancia magnéticas como determinaron la enfermedad. "Me operaron y ahora estoy peor. Tengo muchísimos dolores. He dejado de caminar porque no puedo levantarme por la pérdida de sensibilidad".

La operación tenía como finalidad reducir el quiste, que comienza en el área del cuello y con el tiempo puede agrandarse, causando daños a la médula espinal, dolor, debilidad y rigidez. Todos esos síntomas acompañan a María desde hace más de diez años. La discapacidad permanente ha sido la consecuencia de su enfermedad, reconocida en un 77 por ciento hace varios años. Ahora su incapacidad es total.

"Dejé de visitar el neurocirujano hace años porque me mandaba resonancias y no me hacía nada. Cada vez iba a peor"

En la actualidad María necesita ayuda para cosas tan rutinarias como rascarse una mejilla, sostener un vaso para beber agua, comer, asearse o colocar los pies sobre las zapatillas. Hace dos años que no puede caminar por su vivienda.

La afectada no se asoma a su calle desde hace una década. "Se que no voy a poder andar, pero al menos me gustaría asomarme a la puerta de casa, hablar con vecinas y ver a gente que hace años que no veo".

"Es muy doloroso estar aquí sentada todo el día. Unas veces en compañía y otras sola, porque una sale a trabajar y la otra se va porque le da la gana, pero el hecho de estar acompañada y que alguien me hable, anima" explica entre suspiros. La enferma sufre además una depresión desde hace varios años. Sus pastillas no faltan cada día sobre la mesa.

Campaña solidaria

Esa es la historia de vida de María González, que vive con una de sus hijas y su marido. Su otra hija, María José López González, con 22 años de edad, que también reside en la localidad, asiste a su madre a cada momento. "Su vida cambiaría si pudiese salir a la calle. Tenemos esperanzas de conseguirlo. Ganas y entusiasmo no me faltan".

Ahora, una campaña social puesta en marcha en Villanueva del Fresno por iniciativa del Ayuntamiento y con la ayuda de su hija, recauda fondos para la compra de una silla de ruedas eléctrica, valorada en unos siete mil euros. María tiene una pensión no contributiva de unos 500 euros. Su marido ha empezado a cobrar el pasado mes otros 400 euros de prestación. La afectada por siringomielia nunca ha tenido silla de ruedas.

La campaña está basada en la venta de la revista de feria por un euro, con la que ya se han recaudado unos 800 euros; la recogida de tapones de plástico, de latas de refresco y conservas y botellas de plástico.

Además se ha habilitado un número de cuenta en la Caja Rural de Extremadura: 30090084432340682315. También se puede contactar con la hija en el teléfono 635224884.

Todo ello para mejorar la calidad de vida de una persona que está postrada en un sillón desde hace trece años y sumida en una depresión que día a día va en aumento debido a su enfermedad y los escasos recursos económicos que le rodean.